La iglesia y el convento de las Dueñas vistos desde la plaza
Desde 1419

Historia

Seis siglos de vida dominicana en el corazón de Salamanca.

El Convento de las Dueñas no se levantó de nueva planta: nació dentro de un palacio. Por eso, al recorrerlo, conviven en él la delicadeza del arte mudéjar, la sobriedad del gótico y la exuberancia del Renacimiento.

Las casas de un contador mayor

A finales del siglo XIV, Juan Sánchez de Sevilla, contador mayor de Castilla desde 1390, mandó construir su residencia junto a la actual plaza del Concilio de Trento. Era un palacio de estilo mudéjar, con arcos de ladrillo, yeserías y azulejos de colores, al gusto de la nobleza castellana de la época.

1419: nace el monasterio

Viuda ya de Juan Sánchez, doña Juana Rodríguez decidió entregar sus casas para fundar en ellas un convento de monjas dominicas. El obispo de Salamanca, el también dominico fray Alonso de Cusanza, autorizó la donación en noviembre de 1419, y la priora del monasterio dominico de Medina del Campo recibió el encargo de tomar posesión de los edificios.

La fundadora quiso que la casa fuera también lugar de retiro para señoras de la nobleza, las dueñas. De ahí el nombre con que los salmantinos lo conocen desde entonces: el convento de las Dueñas, una casa dedicada desde su origen a Santa María.

Siglo XIV

Huellas mudéjares

Del primitivo palacio se conservan restos de gran valor: un arco de herradura apuntado, de ladrillo, enmarcado por un alfiz y decorado con azulejos negros, verdes y blancos; una portada revestida de azulejería; y la antigua cámara principal de la casa, después dormitorio del noviciado, con suelo de azulejo y puertas de yesería.

Un techo de madera de aquel palacio se guarda hoy en el Museo de Salamanca.

El siglo XVI: la iglesia y el claustro

Hacia 1530, gracias a una nueva donación, la de doña Ana de Paz, el monasterio emprendió su gran transformación. Se levantaron la iglesia y el claustro superponiéndose a las construcciones del palacio, que en buena parte quedaron integradas en el nuevo edificio.

La iglesia se atribuye a fray Martín de Santiago, hermano dominico, y sus bóvedas se cerraron hacia 1560 bajo la dirección de Rodrigo Gil de Hontañón, uno de los grandes arquitectos del Renacimiento español. El claustro, construido hacia 1533, tuvo que acomodarse a los muros ya existentes, y de esa servidumbre nació su rasgo más singular: una planta irregular de cinco lados.

Portada plateresca de la iglesia del convento
Portada plateresca de la iglesia · Foto: GFreihalter, CC BY-SA 3.0
Cronología

Seis siglos en ocho fechas

  1. s. XIV

    Un palacio mudéjar

    Juan Sánchez de Sevilla, contador mayor de Castilla, construye su residencia en Salamanca.

  2. 1419

    Fundación

    Doña Juana Rodríguez dona sus casas a las monjas dominicas; el obispo autoriza la fundación en noviembre.

  3. c. 1533

    El claustro

    Se levanta el claustro renacentista de planta pentagonal, a la vez que la nueva iglesia.

  4. c. 1560

    Las bóvedas de la iglesia

    Se cierran las bóvedas de crucería bajo la dirección de Rodrigo Gil de Hontañón.

  5. 1810

    La Penitencia

    Destruido por las tropas francesas el convento dominico de Santa María Magdalena, «de la Penitencia», sus monjas son acogidas en Las Dueñas. Traen consigo los restos de sor Teresa Chikaba.

  6. 1921

    Monumento

    El convento es declarado monumento; hoy es Bien de Interés Cultural.

  7. 1962

    Puertas abiertas

    El claustro se abre a la visita del público.

  8. 1988

    Patrimonio de la Humanidad

    La UNESCO inscribe la Ciudad Vieja de Salamanca, de la que forma parte el convento, en la lista del Patrimonio Mundial.

Una casa que acoge

La historia de Las Dueñas es también la de las comunidades a las que ha dado refugio. Cuando la Guerra de la Independencia arrasó en 1810 el convento de la Penitencia, sus monjas encontraron aquí un nuevo hogar. Con ellas llegó la memoria de una hermana extraordinaria, sor Teresa Chikaba, cuyos restos siguen descansando en el monasterio.

Hoy, seis siglos después de su fundación, el convento sigue siendo lo que quiso doña Juana Rodríguez: una casa de oración habitada por monjas dominicas, abierta a quien llama a su puerta.

La comunidad hoy