La galería alta del claustro, silenciosa, con su balaustrada de piedra
Orden de Predicadores

La comunidad

Monjas dominicas de vida contemplativa.

Las Dueñas no es un museo: es la casa de una comunidad de monjas dominicas que, desde hace seis siglos, sostiene con su oración la vida de la ciudad. El claustro que hoy admiran los visitantes es, ante todo, el lugar donde las hermanas rezan, trabajan y viven.

Las monjas pertenecen a la Orden de Predicadores, fundada por santo Domingo de Guzmán a comienzos del siglo XIII. Su vocación es la vida contemplativa: buscar a Dios en el silencio, celebrar la liturgia y dar a los demás lo que han contemplado.

Su día a día

Oración, estudio, trabajo y acogida

Oración

La liturgia, la contemplación y la oración personal ocupan la parte más valiosa de la jornada. La vida en clausura y el silencio no las separan del mundo: lo llevan en su oración.

Estudio

Fieles a la tradición dominicana, las hermanas dedican tiempo al estudio, la lectura y la reflexión, con la ayuda de frailes dominicos que imparten clases durante el curso.

Trabajo

Las monjas se sostienen con el trabajo de sus manos, como la repostería o la lavandería para otras comunidades dominicas. Lo que obtienen ayuda a la comunidad y a personas necesitadas.

Las galerías del claustro bajo un cielo azul
Foto: Miguel Hermoso Cuesta, CC BY-SA 4.0
Una casa abierta

La hospitalidad de un monasterio

La clausura no impide la acogida. Junto al convento, una pequeña residencia recibe durante el curso a estudiantes universitarios, que comparten a menudo la oración con la comunidad.

En verano, la hospedería acoge a familiares de las hermanas y a quienes desean unos días de retiro. Y a lo largo del año, grupos de laicos se acercan a rezar con ellas.

Abrir el claustro a los visitantes es otra forma de esa hospitalidad: compartir la belleza que custodian.

Sor Teresa Juliana de Santo Domingo

Sor Teresa Chikaba

Entre los muros de Las Dueñas descansan los restos de una de las figuras más conmovedoras de la historia religiosa de Salamanca.

Chikaba nació hacia 1676 en el golfo de Guinea, en la región de la actual Ghana, en el seno de una familia principal. Con nueve o diez años fue capturada por traficantes de esclavos y embarcada en un navío español; durante una escala en la isla de Santo Tomé recibió el bautismo con el nombre de Teresa.

Llegó a la corte de Madrid y fue entregada a los marqueses de Mancera, en cuya casa creció. Antes de morir, la marquesa le otorgó la libertad y le dejó una dote para que pudiera ingresar en un convento, como Teresa deseaba.

No fue fácil: varios conventos la rechazaron por su origen africano. Finalmente fue admitida en Salamanca, en el monasterio dominico de Santa María Magdalena, conocido como «de la Penitencia», donde profesó en 1704 con el nombre de sor Teresa Juliana de Santo Domingo. Allí vivió más de cuarenta años, conocida por su vida de oración y por su cuidado de los pobres y los enfermos.

Murió el 6 de diciembre de 1748. Pocos años después se publicó en Salamanca su primera biografía, y su memoria nunca se perdió en la ciudad. Cuando en 1810 las tropas francesas destruyeron el convento de la Penitencia, sus monjas fueron acogidas en Las Dueñas y trajeron consigo sus restos, que reposan aquí desde entonces.

Su causa de beatificación está abierta, y su figura es hoy un puente entre Salamanca y África.

Vídeo sobre Chikaba Su biografía en dominicos.org

Para conocer más

La comunidad en los medios

El programa Pueblo de Dios, de Televisión Española, dedicó un reportaje a las Dominicas de Salamanca en el que las propias hermanas cuentan su vida y su historia.

Ver el reportaje en RTVE Play

El monasterio forma parte de la Federación de Santo Domingo de monjas dominicas.