El claustro y la iglesia
Renacimiento en piedra dorada.
Quien entra por primera vez en el claustro de las Dueñas suele detenerse en silencio. La luz rebota en la piedra dorada, el jardín ocupa el centro y, por encima de los tejados, la cúpula de la Catedral Nueva completa una de las estampas más hermosas de Salamanca.
Una planta de cinco lados
El claustro se construyó sobre las dependencias del antiguo palacio mudéjar y tuvo que adaptarse a ellas. El resultado es una planta pentagonal irregular, poco común en la arquitectura de su tiempo: el lado más corto tiene solo dos arcos, mientras que los demás alcanzan seis o siete.
Su traza se relaciona con la obra de Rodrigo Gil de Hontañón, y la riqueza de su escultura se atribuye a seguidores de Alonso Berruguete.
Dos maneras de mirar
La planta baja se abre con arcos escarzanos —rebajados— sobre columnas, y en las enjutas, entre arco y arco, asoman medallones con cabezas esculpidas.
La galería alta es adintelada: las columnas sostienen zapatas que reciben directamente la viga. Es ahí donde la escultura alcanza su punto más alto, y desde donde mejor se contempla el conjunto.
Un bestiario de piedra
Los capiteles, de autor desconocido, son de una fantasía y una variedad casi inagotables. Entre hojas y volutas aparecen monstruos, arpías, sirenas, rostros y figuras humanas, junto a grutescos que llenan cada hueco.
Hay quien lee en ellos una advertencia moral sobre los vicios y las tentaciones; otros ven, sobre todo, el gusto renacentista por lo fantástico. Merece la pena recorrerlos uno a uno, sin prisa.





La Catedral, asomada al claustro
Desde la galería alta, las torres y la cúpula de la Catedral Nueva se recortan sobre los tejados del convento. Es una de las vistas más fotografiadas de Salamanca, y una de las más serenas: la grandeza de la catedral y la intimidad del claustro en una misma mirada.
Gótico por dentro, plateresco por fuera
La iglesia, atribuida a fray Martín de Santiago, tiene una sola nave de estilo gótico cubierta por siete bóvedas de crucería con terceletes, y termina en un ábside presidido por un retablo barroco dorado.
Por fuera, el templo es de gran sobriedad, salvo su portada plateresca. Un primer cuerpo de pilastras dobles apoyadas en ménsulas enmarca la puerta de medio punto y las hornacinas para imágenes; en el segundo, columnas ornamentadas escoltan una hornacina con la Virgen, acompañada por santo Domingo y san Francisco.
Cinco detalles que no debe perderse
- Los capiteles de la galería altaRecórralos uno a uno: cada uno es distinto y muchos esconden pequeñas escenas.
- Los medallones de la planta bajaBusque los rostros esculpidos en las enjutas, entre arco y arco.
- El arco mudéjarLadrillo, alfiz y azulejos de colores: un recuerdo vivo del palacio del siglo XIV.
- La Catedral desde lo altoAsómese a la galería alta para ver la cúpula y las torres sobre los tejados.
- La portada de la iglesiaAntes o después de la visita, contemple desde la plaza la portada plateresca.

